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sábado, 20 de junio de 2026

DESDE LA SOCIOLOGÍA, LA CULTURA Y EL DISCURSO ESCRITO. Planteamientos iniciales frente al papel de la sociología en la educación.

 

El siguiente ensayo corto fue escrito para la asignatura Epistemología de la Pedagogía, de la maestría en educación que cursé y terminé en el 2015, y que escribí apenas cuando definía el camino que tomaría para el trabajo de investigación.  Así comienza: 

Teniendo claro que las lecturas desde la pedagogía como desde la sociología, nos plantean miradas acerca de la pedagogía y la educación, a su vez intentaré de manera sucinta plantear los problemas o conceptos centrales que cada una aporta respecto al tema que me ocupa, en torno al análisis del contenido del discurso sobre la violencia desde la perspectiva de la sociología; pues aún estoy en la tarea de plantear bien la pregunta inicial y definir los autores que eventualmente puedan ayudarme a dar respuesta al mismo. 


DESDE LA SOCIOLOGÍA, LA CULTURA Y EL DISCURSO ESCRITO

Planteamientos iniciales frente al papel de la sociología en la educación 

En primer lugar distinguiré que hay un interés muy importante por tomar las herramientas e instrumentos analíticos de la sociología de la educación, que “no es más que la aplicación de la teoría social al campo de la investigación educativa” (Cataño, 1989, p.173), para intentar describir y explicar el resultado de las investigaciones que desde la sociología se han hecho con respecto al tema de la violencia en Colombia, pues muchas veces se presentan estas como excesivas en número, pero hasta ahora poco conocemos, o al menos no ordenadamente de sus valoraciones, implicaciones, evaluaciones, perspectivas, desarrollos, referencias, coincidencias o estancamientos. 

La sociología de la educación parte de comprender y explicar las normas y valores en los que se fundamenta la sociedad en un momento histórico determinado y su importancia en el sistema de distribución de las posiciones sociales, y para ello parte de un principio indiscutible “la educación es cosa eminentemente social” (Marx. Weber y Durkheim, 1975, p.93). En su historia académica, cada individuo que ingresa a la universidad ha obtenido desde su hogar, una formación primera que tiene que ver con ciertos contenidos culturales, ideas, sentimientos y prácticas, que al ingresar al sistema educativo se confrontaron con otras, que forman parte de aquellas que se inculcan a todos indistintamente, y que finalmente se han incorporado de tal manera, que se reflejan en los escritos académicos.

Parte del problema en los escritos académicos es precisamente la existencia de estos contenidos indistintos, que como educación común son importantes para el mantenimiento del Estado, de su orden, y pueden variar de un país a otro dependiendo de sus necesidades e intereses para lo cual el sistema recurre a la violencia simbólica “que puede tomar formas muy diversas e incluso extraordinariamente refinadas” (Bourdieu y Passeron, 1996, p.9), pero que para el surgimiento de nuevos planteamientos, continúan siendo una tara en la medida que no permiten la exploración de nuevos campos teóricos y conceptuales. En el campo de la sociología por ejemplo es común que los escritos analíticos de esta nos hablen acerca de los obstáculos que tiene la elaboración y la investigación autónoma, “la tendencia a ser absorbidos y predeterminados en su labor por los fines de las entidades a las que se vinculan” (Cubides, 1998, 2. pág.9-15), y a causa de ello su relevancia metodológica y teórica no ha estado a la par con las demandas de la ciencia pues “dado que los temas a investigar obedecen generalmente a la necesidad de resolver problemas inmediatos, la investigación básica ha sido dejada de lado por una de tipo aplicado que ofrezca respuestas rápidas a los obstáculos del momento” (Cataño, 1989, p. 171). 

Otro aspecto que forma parte de este mismo problema de falta de autonomía en la investigación tiene que ver con la contratación de organismos externos interesados en hacer investigación educativa1 , como muestra de que la educación también toma un papel preponderante en la legitimación de las jerarquías sociales. Estos organismos tienden a presentarse como neutrales u objetivos y logran entrar a formar parte de la cultura académica, que no es más que “la cultura de las clases dominantes, impuesta a la totalidad de la sociedad como evidente saber objetivo” (Bourdieu y Passeron, 1996, p.9).

Dentro de esta organización burocráticamente orientada encontramos que los investigadores no pueden elegir los temas de estudio, por ser impuestos bien desde la necesidad del sistema o desde la orientación del organismo; cambiando constantemente las temáticas en detrimento tanto de la profundidad de los estudios por el tiempo dedicado, como de la especialización del investigador, con lo que se entiende relegado el principio según el cual “la educación se ha diversificado por y para la sociedad” (Marx. Weber y Durkheim, 1975, p.95), ésta sería la función de la división del trabajo.

El problema de la autonomía en los últimos años cambia un poco cuando nos referimos a las investigaciones educativas hechas desde la universidad, pues estas le han impreso una cierta rigurosidad académica que no esta fijada por los tiempos, que aunque no todos, presentan un enfoque crítico que va en contradicción con el carácter “neutral” de las investigaciones hechas desde los organismos burocráticos, permiten una elaboración académica y tal vez teórica mucho más rica. Aún cuando pueden presentar obstáculos para su autonomía en la medida en que encuentran una asesoría interesada en el tema a investigar, comienzan a tomar interés respecto a otros aspectos de la educación desde comienzos de los años 60’s hasta hoy2.

Por ello entre los problemas que fueron cobrando importancia para los estudiosos del sistema educativo en Colombia se encuentran los relacionados con las diferencias de clase, la pobreza de las urbes, el atraso de las áreas rurales, el desarrollo industrial, la urbanización y el crecimiento de la población, pues se evidenció que las instituciones educativas como reflejo de país, albergaban en sus predios una importante población, entre estudiantes, profesores y personal administrativo (Cataño, 1989, p. 172), pues “lejos de que la educación tenga por objeto único o principal al individuo y sus intereses es ante todo el modo a través del cual la sociedad renueva constantemente las condiciones de su propia existencia” (Marx, Weber y Durkheim, cáp.III, p.98), y se hace más cercana a las demandas sociales.

De acuerdo con esto surgen las temáticas que relacionan violencia y educación, más específicamente con cultura a partir del libro “La violencia en Colombia” (Guzmán, Fals y otros, 1962), como el primer intento de sistematización y ordenamiento teórico, que comenzaba entonces a ser un problema digno de investigación para la sociología, y que de alguna manera marca el momento mas importante de la disciplina en el país con la fundación de la primera Facultad de Sociología en América Latina para 1959 en la Universidad Nacional de Colombia.

La aparición de este tipo de estudios fue apenas el comienzo, pues muy pronto aparecieron otros que negaban la relación de la cultura y la violencia3 , a la par que en el mundo el ámbito dominante en los estudios sociales durante los dos últimos decenios del siglo XX fue el de la cultura, y así lo señala S. Lash, "el área que más creció en la sociología de comienzos de esta última década del siglo XX –en EE.UU., Gran Bretaña, Alemania y, sin duda, en otras partes - es la sociología de la cultura. Y el sociólogo de la cultura de mayor influencia y relevancia es Pierre Bourdieu" (Scott, 1997, p.291). Sin embargo, en los mas recientes estudios se incorpora a la violencia en la medida que hace parte de la vida cotidiana, y puede incidir en la construcción de significados culturales, y no necesariamente es una cultura específica la que desarrolla acciones violentas (Ramírez, 1.997, p-87-91); además de poner énfasis en “la producción de significados culturales en el contexto de una práctica social cambiante” (Blair, 2005, p.13-28).

Desde esta interesante perspectiva la cultura entra a analizar la violencia por medio de la palabra, del discurso que deja de ser tratado como signo y comienza a tratarse como prácticas de los objetos de los que se habla; y en este sentido la experiencia es mediada por interpretaciones y significaciones culturales. Los discursos son vistos como generadores de violencia y si se quiere como el ejercicio de la violencia mismo, digno de ser investigado, analizado, explicado y comprendido, mediados en su reproducción por significados simbólicos y culturales.

Finalmente respecto a los sociólogos, poder poner al filo del debate, premisas sobre la fuerza de su discurso, la carga ideológica y desde luego con ello la violencia en el mismo, puede llevarles a analizar el papel que cumplen frente a la educación y la cultura, puesto que se trata de exponer un conjunto de ideas que al ser leídas por los estudiosos interesados en el tema, no solamente son susceptibles de crítica, sino de recreación. Frente a esto, no olvidemos el doble papel que cumplen los sociólogos investigadores que publican sus textos, pues estos en mayor medida han dedicado toda su vida a la educación en las aulas universitarias.


CITAS

1 Buena parte de la investigación en economía de la educación ha sido hecha por investigadores y centros de investigación extranjeros (universidades, entidades de cooperación internacional, centros independientes, etc.). Como ejemplo puede citarse el estudio de Schultz (1968), auspiciado por la Rand Corporation; el de Selowsky (1969), impulsado por las actividades de la misión Harvard en Planeación Nacional a finales de los años sesenta; y el de JeanPierre Jallade (1974) del Banco Mundial. Lo mismo ocurre con los múltiples estudios evaluativos que se han adelantado sobre el SENA y Acción Cultural Popular (ACPO).

2 Entre nosotros, el primer paso lo dio el psicólogo social norteamericano Robert C. Williamson (1962) con un estudio sobre las actitudes políticas, sociales y religiosas de los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

3 La socióloga Elsa Blair los ubica hasta 1992 aproximadamente, 2005, pág.13-28. Se refiere a la explicación según la cual la violencia se reproduce de la misma manera que se reproduce la sociedad, entre sus detractores estuvieron Daniel Pecaut quien consideraba esta explicación relacional como pereza en el investigador; Jesus Martín Barbero, quien consideraba que Colombia estaba lejos de ser el país condenado a la violencia y negaba la existencia de un paraíso cultural opuesto al Estado violento.


BIBLIOGRAFÍA 

Cataño, Gonzalo. “Sociología de la Educación en Colombia”. Revista Colombiana de Educación. Bogotá: CIUP. No.5, ene-jun., Pág. 9-30. Se incluyó con adiciones en “Educación y Estructura Social”. Bogotá: Plaza Y Janés, 1989, Pág.170-233.

Karl Marx, Max Weber y Emile Durkheim. “Sociología y Educación. Textos e intervenciones de los sociólogos clásicos”, Edición Fernando Álvarez-Uría, Barcelona, 1975, Cáp. III. 

Bourdieu, Pierre y Passeron Jean-Claude. “La Reproducción”, introducción a la edición castellana, colección Fontamara, México D.F., 2ª edición 1996. 

Cubides Cipagauta, Fernando. “La Sociología en Colombia: demandas y tribulaciones”. Revista de estudios sociales de la Universidad de los Andes, 1.998, No.1, pág.9-15. 
Subtítulo 2. Diversificación y traslapes. También digital en: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/sociologia/revistaest/revista1.htm

Cataño, Gonzalo. “Sociología de la Educación en Colombia”. Revista Colombiana de Educación. Bogotá: CIUP.
No.5, ene-jun., Pág. 9-30. Se incluyó con adiciones en “Educación y Estructura Social”. Bogotá: Plaza Y Janés, 1989, Pág.170-233. También digital en: http://www.pedagogica.edu.co/storage/rce/articulos/5_4ens.pdf

Germán Guzmán Campos y otros, La violencia en Colombia, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1962.

Elsa Blair. “La violencia frente a los nuevos lugares y/o “los otros” de la nueva cultura. Revista Nueva Antropología, México D.F., 2005, pág.13-28.

Scott Lash, Sociología del posmodernismo, Buenos Aires, Amorrortu, 1997.

Ramírez Ma. Clemencia, “Hacia una nueva comprensión de la violencia en Colombia: concepciones teóricas y metodológicas sobre violencia y cultura”, en Nuevas visiones sobre la violencia en Colombia, Bogotá, IEPRI/FESCOL, 1.997, pág. 87-91.


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